Textos de EXCHANGE Madrid 2013

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Textos de EXCHANGE Madrid 20132017-09-11T14:14:14+00:00

Project Description

Textos creados para EXCHANGE Madrid 2012: un texto realizado para la convocatoria  y cuatro textos del “Debate performático” realizado el día 22 de septiembre en Espacio B, en el que participaron: Yolanda Pérez Herreras, Raúl Díaz-Obregón, Giusseppe Domínguez y  Luis Fores.

Texto elaborado por Giusseppe Domínguez para la convocatoria EXCHANGE MADRID 2012

Una de las ideas clave de Fluxus fue que la creación contemporánea mantuviese un grado determinado de musicalidad, entendida estacomo la que hace alusión al hecho de que muchas obras estén diseñadas como partituras, obras que puedan ser ejecutadas por artistas que no sean el propio creador. Que, de este modo, se convierte más bien en compositor.
La propuesta que hace ARTóN en su convocatoria EXCHANGE es una aplicación de esta idea de Musicalidad que caracteriza gran parte del arte conceptual, desplazando claramente el objeto de la creación, obligando a trabajar, por otro lado, con la pieza de un artista que ha concebido el trabajo, a modo de partitura o composición que le es entragada a un realizador, un performer para que la lleve a cabo, recordándonos que, así, performer no corresponde con el concepto más extendido – y no por ello acertado – de aquel que lleva a cabo sus propias acciones concebidas por sí mismo. Además de relacionarlo con esta desconexión o desdoble de la obra artística entre quien concibe la obra y quien la concreta, esta propuesta pretende descubrir o poner de manifiesto la pérdida de información que se produce en toda comunicación cuando el mensaje es transferido; de manera que la información que llega no proporciona la misma acción que quien lahabía concebido tenía originariamente en la cabeza. No solo surge una pérdida de información inherente al traspaso de un mensaje, sino también se produce al intentar fijar en texto (oral o escrito), una idea, un pensamiento. Es evidente que este también es otro tipo de comunicación, la que ocurre entre el pensamiento y la palabra, la que se produce entre la palabra escrita y la leída, la que se produce entre la palabra leída y el pensamiento que reconstruye, como buenamente puede, el pensamiento que la creó. Esta cadena de mensajes de cerebro a cerebro se extiende más allá de un mero acto de escritura/lectura al realizarse una acción que comunica el mensaje hacia los sentidos de los asistentes a la performance, que, a su vez, transmiten las señales correspondientes a sus intelectos que intentarán reconstruir aquel mensaje que se originó en la mente de alguien al principio de esa larga sucesión de eslabones comunicativo. Esta batalla contra la pérdida de comunicación, contra la incomunicación, incluso, contra los malos entendidos y las malas expresiones, es dura y, en lugar de darla por perdida, nos proponen jugar con ella como se jugaba al teléfono estropeado, pero también como se juega seriamente cada vez que se escribe un poema, o cada vez que le susurramos algo bonito a alguien al oído.

Giusseppe Domínguez, poeta, performer y gestor cultural independiente.

Texto de Raúl Díaz-Obregón Cruzado perteneciente al “Debate performático” realizado el día 22 de septiembre en Espacio B.

Exchange nos propone que reflexionemos sobre los conceptos que se trabajan en el

proyecto desde un punto de vista performático. Yolanda, Giusseppe, Luis y yo nos reunimos unas horas antes para acordar la pautas del mismo. No nos conocemos, pero sintonizamos rápidamente en el juego. Nos sentamos en una mesa rectangular y decidimos que la mesa redonda no tendría que ser más que una prolongación de la conversación que estábamos manteniendo. En ella aprovecharíamos para incluir aportaciones, interferencias, sinergias, ruidos y juegos que se dieran.

Durante la preparación les muestro un uniforme de ropa militar que visto a diario en mis clases en la universidad y forma parte de la performance reivindicativa titulada uniforme posbolonio.

La performance se ha desarrollado siempre en el ámbito académico, pero sentía la necesidad de ampliarlo al entorno artístico y pensé en hacerlo dentro del evento de Exchange. Acordamos que durante la charla yo me iría vistiendo e integrando este, y otros elementos para configurar un espacio lúdico y abierto a la intervención de todos los asistentes.

Texto de Yolanda Pérez Herreras perteneciente al “Debate performático” realizado el día 22 de septiembre en Espacio B.

Cuéntamelo luego

textoYolanda_Perez_Herreras
Texto transcrito:

Con luz, sin luz, alrededor de una mesa, alrededor de un tiovivo, con los pies firmemente en el suelo, con las alas extendidos rozando rascacielos… HAZLO

Y si luego quieres contar cómo fueron los inicios, el proceso, la sorpresa compartida… HAZLO

Arte de Acción. Arte respondiendo de un modo no ortodoxo según una manera rígida de entender el arte; Acción intercambiando levedad y lastre

Mesa redonda ≥ ≤ cuadrada.

Es la decisión de quien habla o calla, de quien otorga o niega

Todo dicho y todo pendiente de decir

La apariencia de un gesto    puede mutar con la palabra o viceversa.

Y puede ser de día o de noche pero si se come y se bebe resucitando cada vez al borde siempre de la incógnita por descubrir, los aleluyas nacerán de lo íntimo a lo manifiesto.

Texto de Luis Flores perteneciente al “Debate performático” realizado el día 22 de septiembre en Espacio B.

Performance y comunicación. Algunas notas preliminares

1

Salvando el carácter evidentemente discutible de la consideración del arte de la performance como “una” de las manifestaciones adscritas al continente de las “bellas artes” y de la dificultad de su esencial indefinición específica como manifestación “estética”, es necesario seguir acercándose a su esclarecimiento en la medida en que es ya una realidad insoslayable en la evolución del arte moderno y contemporáneo a partir de las rupturas en la visión del mundo que históricamente antes que él inauguraron movimientos del siglo XX – de los cuales se sabe deudor- como el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo, el teatro del absurdo o el experimental, Fluxus, la Internacional Situacionista, o incluso la danza más libre o la poesía, en sus más radicales registros gráfico-fonéticos, y algunos otros posteriores.

A manera de reflexión compartida, pues, y antes de cualquier otra consideración, hemos de decir que en todo fenómeno de acción, soslayando en general sus también abundantes diferencias específicas, se nos presenta un fragmento de realidad viva, respecto al cual se hace imposible, y se vuelve además irrelevante, su repetición; en lo puro de su realizarse la repetición se vive como mera reiteración inútil a los objetivos de la presentación de un segmento real que, por definición, es irrepetible. De ahí que aquello que lo aleja del teatro -y por consiguiente de una extensión de éste, lo teatral– sea precisamente su específico carácter de irrepresentabilidad. En la acción, como en la vida, no es posible -emulando a Heráclito- bañarse dos veces en la misma agua. Esto es lo sustancial de una manifestación que opera con todos los resortes de la vida pero a lo cual añade la propia consciencia en cada uno de los segundos del proceso durante su desplegarse.

La vida, en su lectura cotidiana, se respira de modo inconsciente, intuitivo; la acción sería esa forma de plasticidad del existir humano en la cual la vida -en su lectura analógica- se respira de modo hondamente consciente. De aquí la complejidad de una definición estandarizada y del desconocido potencial transformador para los sujetos de la interacción. En ésta, no sólo el sujeto actuante sino también el testigo ponen en juego su valoración del mundo y son transformados por las implicaciones del ángulo nuevo que la acción aporta a dicha valoración. Sabemos desde Nietzsche que ninguna valoración es eterna e inmutable.  Éste es precisamente el potencial que aprovecha la acción para fertilizar una transformación valorativa del mundo en quien es eficazmente absorbido por su órbita. Y esto afecta, antes que a nadie, al propio sujeto actuante. El carácter de autoexploración, y por ende autoconocimiento, es ineludible.

En la acción se pone en juego, pues, la propia visión del mundo, confiere a la experiencia de éste una mirada distinta que lo enriquece porque abre posibilidades otras de interpretación de uno mismo y del entorno. Las inagotables correspondencias que tejen lo real son puestas en evidencia grado a grado por el carácter hermenéutico que la operación abre a los sentidos y al pensamiento. Incide así como una herramienta-lente desde la cual experimentar lo poético (en el sentido de poiético) del mundo. La realidad entonces amplía sus conexiones abarcando al territorio del cuerpo, y la consciencia -incluso al nivel del placer y del dolor- es el núcleo de esta experiencia.

En los velos de lo cotidiano se abre desde la rasgadura un espacio ignoto que nos vuelve más evidente el carácter de “superficie” homogénea que los encadenamientos socioculturales despliegan sobre lo social y con los cuales, mediante la enculturación, acabamos leyendo el mundo. La homogeneidad -más o menos intencional- de los discursos del poder se resquebraja en esas zonas movedizas e inestables por las que emerge lo inauténtico y fútil de su constante maniobra. En este punto la actitud de la acción, yendo de la mano en esto con otras prácticas creadoras, contiene otros modos de conocimiento y maneja y se maneja en otra experiencia de poder, entendido éste no en tanto que dominio y control sobre lo psíquico y lo social sino -siguiendo a Nietzsche- como “potencia creadora de ser”, como espacio-tiempo inabordable al concepto cuyo latido es el existir de lo real como inagotable creación.

Aquellos que han optado por esta pasión ya saben o intuyen que esa potencia creadora de ser se manifiesta y derrama de modo más profundo y puro en la materia de la vida; por tanto es ésta la que debe interrogarse, es ésta la que debe tener prioridad sobre un conocimiento “teórico” del mundo que ya desde el pensamiento socrático-platónico viene siéndonos inculcado y enquistado. Salir de esa caverna nos dará las armas para afrontar la permanente batalla contra una construcción social de la realidad sustentada sobre los simulacros. La acción, en este sentido, es una estrategia eficaz hecha forma para emerger más libres de esa caverna. Sus múltiples sendas pueden conducir no sólo hacia el fracaso de alguna no salida, hacia algún nuevo absurdo y lo que de sabiduría se alcanza con ello, sino también hacia el éxito de otras luces, hacia otras formas habitables a la hora de afrontar la vida individual y colectivamente. Y eso siempre merecerá la pena. Todo auténtico arte ha probado sus salidas.  De hecho “fracaso” y “éxito” son sólo conceptos, limitados modos de expresión. Pues en la acción, el proceso mismo del existir es el relevante. La interrogación es un latir expandido, un respirar la potencia y las potencialidades transformadoras de un presente continuo que nos devuelve al verdadero existir de una vida sin atributos, la del juego inagotable del autocrearse infinito de uno mismo y del mundo.

2

Haciendo referencia a la concreta “poliacción” de “debate” performático llevada a cabo en el centro cultural Espacio B se ha se comentar que el objetivo, desde mi perspectiva, consistía en recuperar una vez más el nivel de lucidez crítica y de juego que el lenguaje, en tanto que acción de habla, contiene. Anteponer con ello, además, los valores de transgresión respecto al discurso culturalmente dominante dentro de una serie de condiciones y coordenadas contextuales de “seriedad” simbólica que la escenificación del propio discurso lleva implícita. Toda la operación se concibió, así, para ser oficialmente mimética en su estandarización reconocida: los ponentes, el currículum de los ponentes, el público conocedor y amater, el escenario para la exposición del propio saber enciclopédico…; y sin embargo lo que resultó sería su inesperado negativo, la negación de las expectativas referentes a la eficacia simbólica de esa legitimación del saber experto en el sentido previsto para esa puesta en escena. De la acción pueden leerse, por tanto, dos evidentes residuos: el carácter conscientemente lúdico del proceso y lo liberatorio que toda transgresión de la norma, de lo normativizado, contiene.

Siguiendo la estela de algunas de las actitudes históricas ya antes mencionadas, esta acción colectiva pretendía explorar cómo el discurso cultural dominante, y las consiguientes puestas en escena que se despliegan para legitimarlo, hacen que el observador -incluso cuando se trata de un público “experto”- condicione sobremanera su mirada ante el mundo. En el caso de la propuesta que nos ocupa la meta era precisamente poner en evidencia su negativo y acabar convirtiendo el registro legitimatorio en su lúdico y lúcido contrario. Algo que nos parece esencial para la deconstrucción de una mirada culturalmente estandarizada y la potenciación de las necesarias capacidades deslegitimatorias del individuo en su exploradora experiencia sobre sí mismo y sobre lo que le rodea.

Así, en correspondencia con lo que Martel calificaba de “alternativas dialécticamente críticas”, no sólo con respecto a la estructura “discurso cultural dominante” sino también a la “institución arte” a él asociada, añadido a su vez a prácticas lúdicas de “provocación” y “transgresión”, la acción realizada ha querido encarnar una cierta alternativa crítica que se planteaba como propuesta la vivencia jovial -desde la participación con el público y la propia interacción polidireccional- de unas prácticas conscientes sustentadas sobre la autonomía como acción, confrontada a la heteronomía como reacción que los discursos culturales dominantes, y dentro de ellos el de la institución arte, imponen a los sujetos en general y al sujeto creador en particular.

Pretendíamos mantener durante un tiempo suficiente el inicial estado de estupefacción de los asistentes y recuperar después, para la reflexión sobre el papel social y el sentido del arte de nuestro tiempo, unas prácticas en nuestro caso compartidas donde se pone en tela de juicio la legitimidad sociopolítica y cultural de otras prácticas -estructurales y estandarizadas- escenificadas por el llamado “gran arte”, precisamente el gestionado por las instituciones sociales y sus discursivos rituales de poder. Defendiendo con ello una actitud indisimulada, frontal, de rechazo elocuente hacia el concepto postmoderno de “intelectual”, incardinado ideológicamente en el corazón del sistema como “profesional orgánico” al servicio de la estructura de poder. El servil “funcionario de las ideas” que bajo órdenes ajenas gestiona y traduce el discurso del propio poder en todas sus formas. Y, en tantos casos, el incondicional afín que ni siquiera necesita de órdenes ajenas porque ya ha internalizado en su estructura moral los objetivos ideológicos en la defensa de ese sistema.

Como ya sostuviera Deleuze, el poder a través de su discurso dominante experimenta con los receptores de ese discurso; sin embargo, en esa dialéctica receptor-poder surgen experimentadores de otro cuño, elementos activos no “catalogables” que no reciben esa experimentación como latidos de legitimación sino que, más bien al contrario, abren horizontes donde lo previsible anhela hacerse imprevisible, lo atado lucha por ser desatado y la luz de lo legitimado descubre dentro de sí prometedoras sombras de deslegitimación. Esta era también nuestra frontera…

Luis Fores

 

 1 Martel Richard, “Editorial”, Inter, Nº 39, primavera 1988.
2  Deleuze G. y Parnet C., Diálogos, Pre-textos, Valencia, 1997, p. 165.

Texto Artón – Post – Exchange de Giusseppe Domínguez
Madrid, 20 de diciembre de 2013

I had a dream

Sí, una vez tuve un sueño, el de que podía usarse la sociedad como material para generar una obra de arte que la incluyese, que transformase a la misma sociedad en otra sociedad, que generase una pieza de arte, bella, estética y éticamente bella. Tuve ese sueño compartido con Joseph Beuys, entre otros, creyendo ingenuamente, quizá, en la fuerza transformadora del arte, de la cultura, como podría haber sido del respeto al prójimo, o la tolerancia, o la solidaridad…
Pero son malos tiempos para la lírica, así que muchos andamos tirando la toalla de la ingenuidad a la basura, abandonamos la lucha armada de la poesía, nos lanzamos a autocríticas tan destructivas que agotan nuestra propia voluntad de seguir trabajando el arte por el arte. Bien es verdad que hay que tener ingresos, pero también es sabido que de la poesía nadie se hace rico.
En mitad de este descalabro cultural, peor aún, volitivo, Artón y Enclave de Acción dan una lección de tesón, on and on. Con su propuesta de Exchange, para lo que me encargaron colaborar con un texto casi de ciencia ficción, en el que comentase cómo la idea vuela de mente a mente pasando a través de una partitura, que es interpretada por otro que debe, de esa manera, haber indagado sobre lo que le ha llegado de ese mensaje lanzado al vuelo.
Tras no tener financiación de ningún modo, no dejaron de seguir adelante, hasta lograr generar uno más de los encuentros de Arte de Acción Autogestionados que ya son legión en estos lares. Durante varios meses han llovido los mensajes, los públicos y los privados, en torno a esta forma de entender la creación contemporánea. Implicándose en todas las fases del proceso de gestación de la obra. Así, tanto Ana Matey como Isabel León se autodenominan
Gestoras culturales, y cabría decir, incluso, que agitadoras culturales, agitadoras de conciencias, agitadoras sociales, en una sociedad cada día más fragmentada, más divorciada del mundo del arte, por no hablar de este desconocido y muchas veces denostado arte conceptual.
Más de una docena de artistas han dedicado su tiempo desinteresadamente, movidos por estas incansables comisarias, y su buen hacer, han ayudado a su vez a la divulgación del evento, a la convocatoria, a la atracción del escaso público nuevo que aparece en estas cosas. Ahora muta y vuela, emigra, diría, a otros lugares, fuera de Madrid, alcanzando Noruega, Finlandia, Extremadura, Granada, demostrando que en la meseta castellana aún late un corazón artístico con voluntad potente.
Pero vivo con drama cierto divorcio entre artistas y un aparentemente inexistente público interesado con el que ya ni se cuenta, afrontando este futuro inmediato como una especie de predicación en el desierto. Lo vivo dramáticamente desde varios aspectos: el de gestor cultural que organiza para un público de organizadores culturales, el de artista que sabe que va a mostrar su trabajo, de nuevo, a sus amistades, el de público que va a ver, de nuevo a sus amistades y, por último, el de aquel que, de cuando en cuando intenta acercar alguien a este mundo que ya padece cierto tumor de endogamia, hasta el punto de desafectarnos de aquellos no iniciados que se nos acercan. Asumimos inevitablemente esta deriva del divorcio.
Divorciados o no, lo que sigue siendo de agradecer es que, en estos tiempos más que en ningunos otros, haya gente como Ana e Isabel que no tiren la toalla. Su obra, la que una vez yo solo me atreví a soñar, es la posibilidad de realizar obra y mostrarla todos los demás. Su trabajo, impagable, seguirá impagado, pero su contribución a la vida cultural patria no tiene precio, salvo el de alguna retribución que les dará el futuro en forma de reconocimiento, la palmada en la espalda y algunos abrazos. Algo es algo.
Giusseppe Domínguez
Madrid, 20 de diciembre de 2013

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